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La mejora regulatoria​

La regulación es uno de los principales instrumentos de intervención del Estado, por mucho tiempo no se le ha prestado la debida atención, porque suponemos que la regulación es gratis, que no genera costos. Pero, así como una buena regulación puede dinamizar un mercado o un sector, o una actividad, también una mala la regulación puede crear obstáculos y cargas innecesarias.

Una buena regulación es esencial para el adecuado funcionamiento de la sociedad. A través de la regulación, los gobiernos pueden equilibrar los problemas que surgen dada la existencia de intereses opuestos en la sociedad, buscando así generar un mayor beneficio social. Sin embargo, la regulación recurrentemente se ha utilizado como un instrumento poco preciso, en tanto se ha enfocado en solucionar los síntomas de un problema y no sus verdaderas causas.

En este contexto, ha surgido la necesidad de implementar el AIN desde una etapa temprana del proceso regulatorio. Esta herramienta permite que los servidores públicos tengan una metodología estándar para alcanzar la mejor solución a un determinado problema, asegurando que éste se haya analizado desde varios ángulos y se haya considerado diferentes opciones de regulación. De no incluir este análisis, se corre el riesgo no solo de desviarse del objetivo central de la regulación sino de generar nuevos problemas o resultados indeseados e imprevistos.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) define el AIN como “una herramienta que ayuda al proceso decisorio porque sistemáticamente examina los impactos potenciales de las acciones gubernamentales, haciendo preguntas sobre costos y beneficios, sobre cuán efectiva será la acción gubernamental en alcanzar los objetivos y si hay otras alternativas viables para los gobiernos.” (OCDE, 2009).​